crema de brócoli
 Son las ocho de la mañana. Se te ha hecho tarde. Tienes que arreglar a los niños, darles el desayuno, llevarlos al cole e irte a trabajar en condiciones (por lo menos peinado ; )).

¿¡Y yo que les doy hoy de comer si no he dejado preparado nada!? No te preocupes, vamos a darte una idea para dejar semipreparado, llegar y culminar. Ideas rápidas para días complicados.

Y es que es así. Hay días en los que todo se complica, no hemos planificado y parece que la única solución para tener comida para los niños es hacer algo precocinado o incluso optar por alguna propuesta alternativa poco recomendable.

Por eso hoy he pensado que sería interesante empezar a recopilar ideas sanas que se hacen en un momento y nos resuelven una comida completa y equilibrada para los más peques.

La falta de tiempo no puede ser una excusa para no alimentarnos bien, sobre todo cuando tenemos niños en casa. Ellos no pueden aprender que esa “excusa” es suficiente para comer mal.

La obesidad infantil, es un problema real. En Occidente está provocado en gran medida por la falta de tiempo, que hace que se elijan alternativas insanas porque son más rápidas.

Sabes que las cremas, cuando llega el frío, son una opción perfecta para resolver una comida. Y a los niños lo habitual es que les encantes. Aquí hemos hecho algunas cremas deliciosas, como esta cítrica o esta de apionabo, que es una de las favoritas de mis hijos.

Hoy os proponemos una nueva, una crema de brócoli llena de sabor y de nutrientes. Vitaminas, minerales, fibra…Un plato completo y energético, sabroso y perfecto para un día frío.

Necesitamos:

  • 2 patatas medianas
  • 1 cebolla
  • 1 puerro
  • Diente de ajo
  • 1 calabacín
  • Cabeza de brócoli
  • Aceite de Oliva Vírgen Extra
  • Sal
  • Pimienta negra
  • Especias:Cilantro, Cúrcuma, Pimentón, Jengibre, Comino y Mostaza
  • Hierbas aromáticas: tomillo, eneldo, orégano y albahaca

Preparación:

Coge una olla, rocía su fondo con aceite de oliva vírgen extra, sal y pimienta. Tan pronto coja temperatura comienza a arrancar trozos con el cuchillo de dos patatas medianas (ya sabes pequeños cachelos) que hemos pelado y hazlo directamente a la olla.

Lo mismo con la cebolla que mejor pinta guarde en ese momento en tu despensa. La partiremos en pedazos e incorporaremos directamente. Ese puerro que lleva días deambulando por tu nevera, también.

Un ajo pelado entero le dará un toque muy sabroso. Sofríe todo esto hasta que tome color y desprenda olor.

A continuación elegimos un calabacín de buen tamaño, lo lavamos muy bien, quitamos sus extremos y directamente con la piel repetimos el proceso incorporándolo directamente en rodajas al sofrito que estamos haciendo.

Tapa la olla y vigila que no se queme removiendo cada poco. Al poco rato agrega agua solo hasta que las verduras sobresalgan ligeramente, como si fuéramos a hacer un caldo corto. Tenemos que intentar que se concentre todo el sabor.

Deja que cueza 5 o 10 minutos mientras tomas una cabeza de brócoli y la vas lavando y despedazando en flores. Incorpóralo porque este va a ser el verdadero protagonista de la crema tanto a nivel gustativo como nutricional.

Déjalo 5 minutos y apaga el fuego. Verás que sobresale por encima del caldo con el resto de verduras pero no te asustes, precisamente lo que buscamos es que termine de hacerse al vapor con el calor residual durante el resto de la mañana o del día.

Tapa bien tu olla. Fíjate que la cocina queda bien apagada y lánzate a por tu día.

Cuando vuelvas, ya sea por la mañana o por la tarde-noche, comprobarás cómo las verduras están perfectamente cocinadas y los sabores se han concentrado. Si tienes a tu lado alguna fierecilla hambrienta o tú mismo lo estás no te preocupes, llega el momento de acabar la receta.

Añade un buen chorro de aceite de oliva vírgen extra en crudo, una cucharada bien colmada de tus especias molidas preferidas.

Yo he usado cilantro, cúrcuma, pimentón, jengibre, comino y mostaza (un curry o cualquier “molinillo” que sea de tu agrado es perfectamente válido, el caso es darle ese toque). Y por último también en crudo otra cucharada de tus aromáticas secas de cabecera, aquí hemos usado orégano, eneldo, tomillo y albahaca.

Bate todo bien, y verás como comienza a quedarte una crema verde con irisaciones de colores por las especias.

crema de brócoliPuedes rectificar con caldo o añadiendo más agua, para que tome textura, pero te aseguro que no te hará falta: al cortar la cocción y dejar las verduras cocinándose con el calor residual, estas han retenido de mejor manera todos sus jugos y estarán perfectas para la crema.

Si en ese momento comenzáis a oír abucheos o gritos de “noooo quiero eso” porque llegan cansados o porque están pasando una fase de radicalismo antiverduril no os preocupéis, vamos a por el cebo.

Unos picatostes le quedan de miedo a esta crema y harán que cada cucharada entre con más ganas en esas boquitas que se niegan a comer verdura.

Mientras calientas a fuego lento la crema ya batida (ojo! Acuérdate de poner la tapa! Ya sabes que cuando se calienta una crema muy rápido comienzan a saltar erupciones que pueden salpicar toda la cocina), toma un pan que puedas rebanar.

Nosotros teníamos un centeno ecológico con un par de días en perfectas condiciones. Haz un par de rebanadas gruesas, úntalas con aceite de oliva, y espolvoréalas con ajo en polvo.

Apelmaza bien y lleva las rebanadas al tostador a potencia baja hasta que veas que se ponen doradas y con cuidado de que no se quemen. Sácalas, trocea y picatostea la crema con ellas para disfrutar de una mezcla reconfortante.

De esta forma, evitamos freír el pan en aceite y el resultado es mucho mejor.

¡Espero que te haya gustado esta receta! En esta cocina no han dejado ni las migajas ; )

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